lunes, febrero 25, 2008

IV

Liliana no vino a la casa. El que vino fue su novio, Isaac. Isaac me da mucha risa porque es descendiente de judíos, que son personas que vivían en Israel cuando Jesús estaba vivo; ahora viven por todo el mundo. Siempre que viene con Liliana, algo habla de los judíos. Dónde vivían, dónde están ahora, que los rabinos, que el bar no sé cuánto, que la Torá, etc. Isaac habla fuerte y mueve mucho las manos. Es de piel muy blanca, como Liliana, y tiene el pelo crespo y negro.
_____Isaac vino a la casa porque dijo que Liliana no había llegado al departamento anoche y eso es muy raro. Yo sé qué algunas personas no llegan a sus casas porque beben alcohol y luego no recuerdan sus direcciones, como le pasó una vez a Ricardo, un vecino que tenemos cerca de casa, pero Liliana no toma nada de alcohol. Isaac estaba muy preocupado, pero justo cuando hablaba con mi papá, Liliana lo llamó a su celular.
_____“Liliana, ¡¿Dónde estás?!” gritó Isaac. Luego de hablar con ella, nos dijo que estaba en una hospedería del centro, y que al parecer Liliana no se sentía bien.
_____Una vez, cuando Liliana seguía en el colegio, creo que el último año si no recuerdo mal, hubo un día en que no llegó a la casa. Fue un día miércoles, que en la escuela todos salíamos temprano. A las once de la noche llamó a la casa diciendo que llegaría en la mañana del jueves, y que no se sentía bien. Al día siguiente Isaac vino a dejarla a la casa en un taxi. Liliana tenía mucha cara de sueño. Isaac le dijo a mi mamá que Liliana había llegado a su casa llorando mucho y con ahogamiento, y que la había llevado a una Cruz Roja. Ahí le dijeron que Liliana estaba sufriendo una crisis de pánico y le inyectaron unos calmantes. Nadie supo por qué le dio un ataque de pánico.

_____Para ser honesto, Liliana siempre ha sido muy rara. En verdad, toda mi familia es rara. Pero Liliana me llama la atención. Es como si siempre quisiera saber el fondo de todo. Pero de TODO. Además, tiene cambios de ánimo muy bruscos, como ayer que me llamó muy amable y al minuto se enojó porque aún no termino el último libro que me trajo. Mamá siempre dice que de repente a la Liliana le va a dar un ataque en la calle y que debería ir al siquiatra. Mamá en su vida tuvo un tratamiento de 4 sesiones con un siquiatra. Eso me lo contó Liliana. Y por eso mismo nunca quiso consultar por uno. “Cuando sea vieja, no quiero ser como la mamá” me dijo una vez.

Isaac fue a buscar a Liliana. Dijo que cuando llegaran al departamento nos iba a llamar. Francisco es el más preocupado luego de Isaac. Mamá agranda los ojos, pero ni siquiera la ha llamado por teléfono, lo único que hace es hablarle a la nada: “yo le dije a la Liliana que tenía que verse esa cuestión pero a mí nadie me hace caso, nadie me escucha en esta casa. Pero la Liliana es porfiada, si yo le dije tantas veces, ¿te acordai, Arturo, de esa vez que le dio esa cuestión en el colegio, en cuarto medio? Yo hacía tanto que le había dicho. Más encima con eso de que no duerme en la noche, ¡si esa niñita es un par de ojeras con patas! Pero si no, no hay caso…”. Papá está sentado apoyando los codos en el sillón y la cara en las manos, sin decir nada, como si estuviera en otro mundo, buscando a mi hermana. Y Francisco revisa a cada cinco segundos su celular, por si tiene llamadas perdidas de Liliana. Siento que tengo un poco de culpa en todo esto. Porque ayer hablé por teléfono con Liliana y ella se enojó conmigo. Liliana es muy sensible. Extrañamente sensible, porque su actitud, desde que la conozco, es igual a la de una piedra: dura, inquebrantable, fría. Yo nunca la he visto llorar, pero sé que llora mucho. Que Francisco, papá y mamá me ocultan muchas cosas. Sé lo que significa cuando dicen que “Liliana no se siente bien”: ella desaparece. Yo nunca me he sentido así como tal vez se siente ella. Pero es mi hermana mayor y me regala muchos libros. No puedo no preocuparme, aunque quiera.

“Arturo, ¿y tú no vas a hacer nada? Claro, como siempre, están todos esperando a que todo lo haga yo. Pero cuando yo quise ayudar a la Liliana nadie me hizo caso. Cuando yo dije que estaba enferma nadie me pescó. Cuando quise llevarla al siquiatra nadie estaba de acuerdo. Ahí tenís a tu Liliana. Para mí que a veces lo hace sólo para llamar la atención. Si se pasa esa niñita…” sigue mamá. No sé lo que significa “siquiatra”. No me gusta la palabra “siquiatra”. Suena como “tétrico”. “Siquiatra”, “tétrico”. “Tétrico” es algo trágico, oscuro, da susto. Supongo que “siquiatra” debe ser algo similar, porque suenan parecido. Mi mamá siempre habla de “el siquiatra”, “la siquiatra”, “los siquiatras”. Francisco, cuando era menor, tuvo siquiatras, pero él no me da miedo. Mamá en cambio, a veces sí. Por ejemplo, a veces, le dice a papá que lo quiere mucho, que lo ama y todas esas cosas. Pero otras veces, le dice que hace años que ya no siente nada por él.
_____Pareciera que entiendo más a Liliana. Y ciertamente hay algo que me conecta más con ella. Una vez soñé que Liliana otra vez no se sentía bien, y de nuevo desaparecía. Entonces venía a la casa y me sacaba de la cama –yo dormía en el sueño- y me decía “ponte zapatillas cómodas, que vamos a pasear y vamos a caminar mucho”. Yo me ponía zapatillas, Liliana me tomaba la mano y nos íbamos a caminar. En realidad nos íbamos volando, no sé, era extraño, como caminar y volar al mismo tiempo. Pasábamos por muchos lugares, varias personas nos hablaban, se nos aparecían perros o gatos, y a pesar de que era de noche, no me daba susto. Antes de que amaneciera, Liliana iba a dejarme a mi cama y me decía “cuida las zapatillas, no mires en menos tus zapatillas”, entonces yo le decía que bueno. Luego Liliana me daba un beso en la frente y me decía “gracias, Puntito”. “Adiós, Liliana” le respondía yo, y cuando ella desaparecía –como si fuera un fantasma-, yo miraba mis zapatillas y estaban muy sucias y tenían los talones muy gastados. Cuando desperté al día siguiente, le pregunté a mamá si había zapatillas viejas de Liliana, y ella me dijo que buscara en la lavadora vieja que está en el patio (ahí dejamos los zapatos que ya no usamos). Encontré unas zapatillas rojas de Liliana, sucias y con los talones gastados, igual que mis zapatillas en el sueño. Entonces le pregunté a mi mamá por qué estaban tan gastadas esas zapatillas. “Eran de la Liliana, se las ponía para salir. Según ella pasaba horas caminando cuando salía. Para mí que era pura chiva y se iba con el Isaac”, me respondió.

No hay comentarios: